Era una tarde nublada como
cualquier otra de septiembre, de camino a casa mientras viajaba en el metro, se
sentía el bochorno, ese previo antes de que empiece a llover, observaba
celosamente como una pareja se besaba para luego abrazarse tiernamente y
terminar sonriéndose, absortos en su felicidad como si nadie más existiera.
Mientras avanzaba lentamente
el metro debido a la leve lluvia, el frio se iba escurriendo al interior, mientras
las gotas de lluvia se resbalaban por la ventana y la pareja frente a mí, de
hacían más cercanos, la escena me hizo recordar los momentos en los que vivía
algo similar, esos momentos que guardo en lo profundo de mi corazón y me
preguntaba; ¿Qué fue lo que pasó y por qué me encontraba solo en un día como hoy?
Lo primero que vino a mi mente
fue la chica que más he amado en mi vida, aún recuerdo la primera vez que la conocí,
la sonrisa de nervios que ponía mientras se tocaba su largo cabello, su postura
insegura y la ropa discreta que si lo notabas a detalle tenía unos coquetos
terminados, eso pensé cuando me la presentaron en el trabajo; aun no sé qué
paso pero espontáneamente pude sentir como existía algo casi mágico entre los
dos que nos hacía cada vez más cercanos, desde el primer instante hablar con
ella era una maravilla; el tiempo corría como si se tratase de una hoja
arrastrada por el viento.
Con el pasar de los días fui
notando como cada vez deseaba más el nunca separarme de ella, de momentos
cuando trabajaba o mientras hacia cualquier cosa su recuerdo persistía en mi
mente. Verla llegar y saludarla hacia que el ritmo de mi corazón se acelerara
de una forma que me era incapaz ocultar mi felicidad, esbozaba una sonrisa como
un niño al abrir su regalo de navidad y ver qué era lo que había pedido, muchas
veces, buscaba cualquier excusa por mínima que fuese para tener contacto con
ella, otras veces solo me acercaba lo más próximo a su escritorio al pasar,
escuchar su voz y tener el aroma de su perfume en mi mente todo el día.
Un día soleado me arme de
valor y la invite a salir, después de esa vez cada ocasión era única y especial,
mis sentimientos por ella se desbordaban y yo notaba que al igual que a mi ella
gustaba de mi compañía. De un momento a otro, me di cuenta que no podía dejarla
ir de mi vida, y con todos los nervios del mundo, con mi voz quebrada y
temblorosa y con el corazón a punto de estallarme, confesé mis sentimientos en
la sala de mi casa, ella con una sonrisa y agitando la cabeza de forma
afirmativa pronunciaba de la forma más
hermosa y animada del mundo “sí”; ese instante pude notar como todo dejaba de
existir y lo único que existía era el lugar en donde estábamos, ella y yo, al
pensar en eso viene a mi mente la primera vez que nos besamos, la suavidad y lo
carnosos de sus labios, lo húmedo de su boca y tacto de su piel en mis manos
con la cual nuestros cuerpos temblaban y mientras nuestra respiración se
agitaba, me negaba a la idea que ese momento se acabara en algún momento.
Mi trabajo me gustaba, pero el
trabajar juntos me hacía apreciar y amar no solo a ella sino todo en mi
trabajo; días, semanas y meses transcurrían y no podíamos estar más felices el
uno con el otro.
Sin embargo, un día como
cualquier otro, a su vida regreso alguien y paulatinamente la felicidad en ella
se fue apagando y lo poco; por no decir que nada que me hablaba del tema me
pesaba. Cada día notaba como era poco a poco más infeliz yo me iba llenando de
dudas e incertidumbre, cada que me acercaba a ella para intentar darle mi
afecto, ella solo me daba espalda y el ambiente se llenaba de un doloroso
silencio, y un muro se creaba entre ella y yo instantáneamente, no lograba
entender que pasaba, y mucho menos, como la persona que amaba se iba alejando
de mí y aunque en ocasiones lograba abrazarla, no lograba comprender que
pasaba, se notaba su ausencia y como buscaba apartarse de mí.
Un día como cualquier
otro, simplemente desapareció dejando una nota con un simple “adiós”,
provocando un hueco en lo profundo de mi ser y por más que hacia lo que fuese
esa sensación no se iba, inclusive abandono el trabajo, cada día en el me
parecía un tormento porque notaba su ausencia; lo que en un día fue lo que más
amaba realizar, poco a poco me hacía más desdichado, así que decidí dejarlo; a
lo que me lleva al día de hoy, en donde siento una ausencia que no ha podido
llenar otra persona y aunque dan lo mejor de sí, se que no es suficiente para mí, en ese momento
note que una parte de mí no estaba y al menos por ahora, es mi deber seguir
buscando hasta encontrar eso que un día perdí…
Este es un trabajo escrito entregado el 23 de noviembre del 2017



